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El descubrimiento del sitio arqueológico del Cerro del Judío
En el pueblo de San Bernabé, delegación Magdalena Contreras, al sur-oeste de la ciudad de México, se encuentra el Cerro del Judío, una protuberancia geológica enca denada a la cordillera montañosa que da forma a la Cuenca del valle de México. En este lugar, que durante mucho tiempo se distinguió por su fauna, abundante vegetación y lejanía, hoy, convertido en un suburbio más de la capital del país, se halla un sitio prehispánico del periodo Posclásico tardío que actualmente está siendo investigado. El sitio está constituido por dos pequeñas plazas, la primera, en un nivel inferior a la principal y con una estructura localizada en el lado norte, se comunica con la gran plaza por medio de una rampa de acceso. En esta plaza, situada en la cumbre del cerro, se encuentran cinco estructuras que conforman un conjunto arquitectónico, las estructuras fueron denominadas: A, B, C, D y E, de acuerdo a su importancia y orientación, éstas se hallan dispuestas entorno a la plaza formando los lados de un rectángulo. Las condiciones en las que fue encontrado el conjunto dificultaron su exploración. El nacimiento de varias especies de árboles, la constante erosión producida por los agentes naturales y los daños ocasionados por el saqueo, entre otras afectaciones, daban la impresión de que las estructuras habían perdido completamente su forma; no existían evidencias de los acabados y los elementos constructivos eran escasos, las excavaciones, por fortuna, han demostrado todo lo contrario. Los trabajos preliminares, tales como el registro de elementos de superficie y la realización de un levantamiento topográfico, permitieron la planeación de unidades y cuadros de excavación en zonas potenciales de estudio. Los primeros cuadros estuvieron situados en la cercanía de la estructura A. Después de realizar la excavación de esta estructura, ha sido posible conocer las características del subsuelo, registrar el material cerámico y lítico, colectar muestras de suelo y obtener evidencias constructivas, entre otros datos. Con la información que se tiene hasta el momento ha sido posible establecer una cronología tentativa del sitio, la cual, lo colocaría en el periodo Posclásico tardío, es decir, al final de la época mexica. Sin embargo, este sería el último periodo de ocupación, ya que existe la posibilidad de que haya existido un asentamiento anterior que lo remontaría a una ocupación más temprana. Por tratarse de un sitio definido por elementos constructivos, resulta normal, que los datos más relevantes los constituyan su arquitectura. En efecto, los datos que nos pueden proporcionar mayor información, en cuanto a la ocupación, el funcionamiento y el significado que tuvo el conjunto, se encuentran en los restos constructivos. En este sentido, la investigación ha sido muy fructífera.
El hallazgo de elementos monolíticos en la estructura A del Cerro del Judío En la excavación de la estructura A (foto 1), la mayor del conjunto arquitectónico, fueron encontrados elementos novedosos y de primer orden en la arquitectura prehispánica. La estructura comprende dos cuerpos: el primero, construido en su mayor parte de piedra brasa (basalto de origen volcánico), es el basamento, cuyas medidas aproximadas son de un poco más de un metro de alto por veintiséis metros de largo. El segundo cuerpo, construido de lajas andesíticas (de origen sedimentario), mide aproximadamente dieciséis metros de largo por casi seis metros de altura. Ambos cuerpos obedecen a una misma etapa constructiva, los elementos arquitectónicos que las componen (más adelante señalaremos cuales), son característicos del periodo Posclásico tardío. Cabe señalar, que los materiales utilizados en esta estructura, como los de todo el conjunto, provienen de por lo menos dos yacimientos diferentes, ambos situados a varios kilómetros del sitio. La estructura está orientada en dirección este-oeste, la fachada mira hacia el poniente, ésta se compone de dos escalinatas en el primer cuerpo (de cinco escalones), divididas por una alfarda central. Enseguida hay un descanso que se crea entre la unión del basamento con el segundo cuerpo de la estructura. El descanso, que más bien tiene la forma de una pequeña explanada, es de un poco más de cuatro metros de ancho por el largo de todo el basamento. Las dos escalinatas de éste, se convierten en una sola al ascender al segundo cuerpo. La escalinata de este cuerpo, de la cual se han encontrado: los primeros cuatro escalones, el desplante de las alfardas y las esquinas laterales; estuvo compuesta aproximadamente de veinticinco escalones. De la construcción que estuvo en la parte superior de la estructura, desafortunadamente no se tiene ninguna evidencia.
Todos los elementos constructivos de la estructura son novedosos y relevantes, pero la característica que más la distingue, sobre todo, por lo que implica para el conocimiento de las culturas prehispánicas y de la arqueología de la Cuenca del Valle de México, es el hecho de que la planeación de la estructura fue concebida a partir de la existencia de un afloramiento natural de roca madre. El basamento de la estructura fue edificado aprovechando este afloramiento, la roca madre fue tallada para darle forma a algunos elementos constructivos, destacan los escalones del lado norte, el desplante de las alfardas, las esquinas y los lados norte y sur. El afloramiento fue integrado prácticamente en toda la cimentación; su volumen, forma y extensión definió el tamaño del edificio. El sistema constructivo de la estructura A, es comparable al utilizado en sitios, como Malinalco, Tetzcotzingo y Chapultepec. Corresponde a la arquitectura del orden monolítico. Los trabajos arqueológicos comenzaron en el mes de junio del presente año, son las primeras excavaciones que se realizan sistemáticamente en este lugar. El proyecto se lleva a cabo, gracias a un convenio entre el INAH y la delegación Magdalena Contreras. Ha sido llamado Mazatepetl, debido a que este es el nombre más antiguo que se conoce del cerro, al parecer, desde la época Colonial. La investigación es dirigida por el arqlgo, Francisco Rivas, colaboran en el proyecto los arqueólogos: Joel Santos y Narda Rabadán; el restaurador Eduardo Nuñez, los estudiantes de arqueología: Teresa Jiménez, Lignaloe Neri, Felipe Lara y Roberto Martínez; Los ejidatarios y vecinos: Marcelino Sta. Ma. García, José Luis Ramírez, Amansio García, Eulalio Tagle, José León, Arturo Waldo, Rodolfo Cruz, Ricardo Cruz, Angel Cruz, Ricardo Bravo, Salomón Bravo y Angel del Río, entre otros.
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